YOGA EN TIEMPOS DE COVID

Ahora más que nunca necesitas conocer y practicar Yoga. Puede que creas que ahora no es el mejor momento para empezar, pero tal vez sea el punto de inflexión que te lleve a tomar una decisión tan importante a la hora de gestionar tu salud física, psíquica, emocional y espiritual.

Son momentos de cambio constante, de incertidumbre, miedo, inseguridad, etc., teniendo que revisar a cada momento lo que antes creíamos tener claro. Hay muchas personas a las que esta situación les afecta psicológicamente, produciendo estados depresivos, estrés, preocupación constante, ansiedad, inestabilidad emocional, etc. El Yoga te va a proporcionar medios para poder resolver todos estos aspectos que ya se han vuelto bastante comunes en nuestro día a día.

El Yoga contribuye a mejorar la salud psicofisiológica y a reforzar el sistema inmune. Además, se practican numerosos ejercicios de respiración que resultan ser muy beneficiosos para fortalecer tu sistema respiratorio y mejorar la función pulmonar.

Las diferentes prácticas yóguicas: asanas (posturas), pranayama (respiración), dhyana (meditación), relajación, técnicas de limpieza, etc., ayudan a modular la respuesta fisiológica a los factores de estrés que debilitan nuestro sistema inmunológico. Estas técnicas te servirán para conectar con el espacio de calma y serenidad que existe en tu interior, lugar en el que encontrarás el reposo y sosiego que tanto necesitan ahora tu cuerpo, tu mente y tu mundo emocional.

Practicando Yoga puedes sentir que estás en un espacio tuyo único para poder conectar con tu más íntimo estado interno de tranquilidad y de paz que te renueva y prepara para afrontar tu vida cotidiana. La solución para poder gestionar con más serenidad y entereza lo que viene del exterior está en tus manos ya que no depende tanto de lo que llega, sino de como lo interpretas y resuelves. El Yoga te hará sentir más fuerte, tanto física como mentalmente y te va a aportar claridad mental y una visión más amplia que te serán muy útiles a la hora de tomar decisiones y afrontar responsabilidades.

Se pueden hacer muchas cosas para trabajar con nuestros cuerpos tal y como son. No hace falta ser una persona que se puede doblar mucho o que es muy fuerte para decir que es un yogui. El Yoga es un estilo de vida, no es una práctica competitiva, todo el mundo puede hacer Yoga. No importa la edad ni la condición física, quien puede respirar puede hacer Yoga, es tan simple como eso. 

 

 

La pequeña ola y el océano

Hoy quiero compartir una inspiradora historia sobre una pequeña ola, junto con una reflexión al final acerca de como cada uno de nosotros puede verse reflejado en esa pequeña ola.

Érase una vez una pequeña ola que se sentía cansada e inquieta, desgastada por el ir y venir entre el horizonte y la costa. Un día oyó hablar de un Gran Océano, donde no había que deambular a merced de las mareas, donde todo estaba tranquilo y lleno de amor. En ella surgió un gran deseo de encontrar ese lugar pacífico, pero no sabía por dónde empezar.

¿Sabéis el camino hacia el Gran Océano? -preguntó a las otras olas que pasaban. Una anciana muy cargada de algas, le dijo:

He oído hablar de ese Océano, pero está muy lejos y harán falta muchas vidas para llegar a él. Otra ola comentó: – He oído que si somos olas muy bondadosas y amables y si vivimos vidas muy, muy buenas, entonces, cuando morimos, nos encontraremos con el Gran Océano.

Todas estáis erradas, ese Océano no existe -añadió cínicamente una ola ondulante.

¡Oye! ¡Ven conmigo! -le llamó una ola fresca con voz amistosa. Conozco una ola sabia que ha estado realmente en el Gran Océano y lo conoce bien. ¡Te la presentaré!
Y salieron para allá.

Al irse, otra ola refunfuñó:

¡Niños locos! ¿Por qué desperdiciar tanta energía buscando lugares míticos? ¿Por qué no contentarse con lo que tienes?

Pronto llegaron a la morada de la ola sabia.

Por favor, ola sabia, ¿puedes mostrarme el Gran Océano? -imploró la pequeña ola.

La ola sabia se echó a reír en profundas y cálidas ráfagas que salpicaban la superficie del agua.
¿Qué imaginas que es el Gran Océano, hija mía?

He oído que es un lugar maravilloso, lleno de belleza y alegría, que allí hay amor y paz duradera – tembló la pequeña ola.

La ola sabia siguió riéndose.

Tú estás buscando el Gran Océano, amiguita, pero ¡tú eres el Océano mismo! ¡Qué divertido que no seas consciente de ello!

Esto confundió todavía más a la pequeña ola y se enfadó un poco.

¿Cómo es posible? No veo ningún Océano. Lo único que veo son olas, olas y más olas.

Eso es porque crees que tú eres una ola – sonrió la ola sabia.
Al oír esto, la pequeña ola chocó con frustración contra una roca cercana.

¡No entiendo nada de lo que dices! ¿Puedes enseñarme el Gran Océano, sí o no?– presionó impaciente.

De acuerdo, de acuerdo, amiguita determinada, dijo la ola sabia -Pero, antes de eso, ¿te importaría sumergirte y masajearme los pies doloridos?

La pequeña ola se sumergió… y desapareció como ola.

En ese momento, descubrió que el Gran Océano no era diferente de ella misma, que de hecho, ella era el Gran Océano mismo. ¡Simplemente había estado soñando que era una ola suelta!
Sabiendo esto, disfrutó del juego de bailar como todas y cada una de las olas, con una
alegría inmensa e interminable.

La mayoría del tiempo estamos tan metidos en la persona, con sus roles, deberes, etiquetas, etc. que se nos olvida por completo nuestra verdadera Esencia, como esa pequeña ola que quiere ser océano, cuando siempre lo ha sido, lo sigue siendo y lo será. Es fácil creer que somos olas y olvidar que también somos el océano.

Normalmente te ves como una persona separada del resto, sientes el mundo como algo separado de ti, cuando en realidad esa idea de separación es producto de tu mente, la «ola separada» que crees ser, no es realmente más que el océano apareciendo temporalmente como una ola. La ola es cien por cien agua en realidad, y por lo tanto en esencia, es lo mismo que el océano.

Muchos buscadores creen que hay que deshacerse de la ola para alcanzar el océano. La ola, es decir, la persona que crees ser, es algo que existe en tu mente, cuando expones esa ilusión a la luz de la Consciencia deja de ser un obstáculo, todo adquiere otra perspectiva desde la mirada del Ser. En otras palabras, la apariencia de la ola separada no es un problema para el océano. La apariencia de la historia de tu vida en sí es una perfecta expresión del Ser. En este amor incondicional, nada es negado.

Puedes contarnos tu opinión sobre esta hermosa historia y tu reflexión sobre ella. ¡Gracias!  HARI OM TAT SAT

Desde el jardín – La relación contigo mismo.

Es fácil sentir cómo te relacionas con otras personas socialmente, pero es más atípico comprobar primero cómo te relacionas contigo mismo. La manera en que te relacionas con los demás no deja de ser un reflejo de la relación interna que mantienes contigo mismo.

A veces pones la mirada en cómo las personas se relacionan contigo, partiendo desde la carencia, la queja o el no entender determinadas actitudes o conductas de la forma en que te tratan y la interpretación que tú haces de ese comportamiento.

La relación que verdaderamente puedes cuidar y trabajar es la que, en primer lugar, mantienes en tu interior contigo mismo. Una vez trabajada esta, es más sencillo entender el porqué de las demás.

Hay que tener un espacio propio para aclarar y simplificar tu mundo y la visión que tienes de ti mismo.

Aprende a relacionarte contigo mismo de otra forma:

  • Primero observa tu diálogo interno, lo que te dices y la forma en que lo haces. Date cuenta de como tu mente tiende a hacer juicios de valor constantemente.

  • Fijate si te exiges, si te tratas con mimo ante las dificultades o errores cometidos o si te enjuicias o castigas de manera frecuente.

  • Puedes hacerte una pregunta básica para estar en contacto contigo: ¿Qué necesito? ¿Qué me hace falta para sentirme mejor?

Saber lo que necesitas y atender las necesidades que tienes es síntoma de equilibrio psicológico, de autoestima y de estar en una relación sana contigo mismo.

Cuando eres pequeño son tus padres quienes atienden tus carencias o necesidades (si tienes sueño, quieres jugar, estar tranquilo o quieres un abrazo). Cuando te conviertes en adulto esas necesidades las identificas y las procuras satisfacer tu mismo, tu parte más adulta que cuida de tu parte más necesitada.

También puede ocurrir que estés más en contacto con lo qué necesitan los demás que con lo que tú necesitas, generándose así un desequilibrio.

Al pensar qué necesitas para sentirte mejor, más tranquilo, más feliz, te das cuenta de la manera en que te relacionas contigo mismo. Es algo que debes aprender a gestionar con suficiente madurez, viendo cuales son las necesidades fundamentales y cuales son meros deseos momentáneos o caprichos.

Cuida de ti, nadie mejor que tú sabe qué necesidades emocionales tienes y nadie mejor que tú para valorarlas y gestionarlas.

Tiéndete una mano, trátate con mimo, respeto, afecto y admiración, empieza a mirarte de otra manera. Solo desde el afecto hacia ti lograras superar lo que te genera desequilibrio emocional.

Tenerte en cuenta, valorarte y dedicarte tiempo son aspectos fundamentales que no puedes olvidar en tu día a día, porque tener una buena relación con uno mismo es fundamental para sentirse bien y crear vínculos sanos con los demás. ¡Empezar a creer en ti te ayudará a crecer!

Desde el jardín – Gestionar los deseos

¿Qué hay realmente detrás de lo qué deseas? Sólo cuando te das cuenta de lo que subyace tras tus deseos puedes transformarlos. ¿Buscas amor, paz, respeto, atención, aprobación o bien quieres huir de una situación que te sobrepasa?

Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerlas. Ahí radica el origen de los deseos, por mucho que consigas aquello que tanto anhelas, luego surgirá el deseo de otra cosa y después otra, convirtiéndose en una lista interminable, te proporcionan una alegría efímera, no más felicidad. Por ejemplo, tener una casa más grande y lujosa, o querer comprar ropa y más ropa para verte mejor. La frustración nace de los deseos no satisfechos, da lugar a la ira, el deseo nunca se apaga, se multiplica.

Se trata de que esos deseos de logros personales, riqueza material, relaciones ideales, estatus, etc. no sean vinculantes, es decir, que si lo logras es magnífico, pero si no lo consigues tampoco tienes que frustrarte y hundirte, sintiendo que tu vida no tiene sentido. Esto no impide que te propongas metas y objetivos realistas en tu vida.

Es importante comprender que muchas veces la propia sociedad y el modo de vida que llevas te han hecho creer que necesitas más cosas de las que realmente son imprescindibles. La plenitud no es sólo cumplir tus deseos, sino entender realmente qué es lo que deseas y cómo lo puedes lograr de la forma más óptima y, sobre todo, que si eso no llega a tu vida tampoco pasa nada, hay que saber relativizar.

Cuanto más satisfecho y a gusto estás contigo mismo y con la vida, te das cuenta de que necesitas menos posesiones, valoras la simplicidad.

El Yoga te acerca al Ser sereno y armonioso que eres, ayudándote a lidiar con la permanente dualidad, lo que te atrae y lo que rechazas, que te desestabiliza, sintonizando con la profunda paz que mora en ti.

Desde el jardín – Recibir lo que la vida te da

Desde nuestra humanidad, la propia existencia es una incógnita, la vida en sí es incierta, la seguridad es una quimera, el destino se ríe de la probabilidad, el ser humano es frágil.

Aprovecha cada oportunidad para mejorar, ser auténtico, seguir tus valores y tus metas. Aprendiendo a convivir con la incertidumbre y a desarrollar el arte de la serena espera, la aceptación y la paciencia.

Despliega una mayor consciencia para vivir en plenitud de forma deliberada, sabiendo que es preciso un cambio para preservar el equilibrio, eligiendo la actitud, poniendo en cada acción lo mejor de ti mismo. Prueba a hacer más conscientes las cosas cotidianas, como caminar, limpiar, comer, disfrutar de quien está a tu lado, etc.

Se reflexivamente consciente de que vives. Vive la vida sin tener ninguna expectativa esencial acerca de nadie, acerca de nada. Esto es una gran libertad. Cuando no te proyectas en cómo deberían ser las cosas, sientes que casi nada te perturba y, cuando algo te aleja de tu centro natural de calma, vas adquiriendo la facilidad de volver a él con el mínimo esfuerzo. Puedes, por ejemplo, esperar que tu jefe sea más comprensivo, pero por su carácter o la educación recibida, no lo hace, eso sería generarte una falsa expectativa que no depende de ti. La vida no consiste solamente en conseguir lo que quieres, es una sucesión de experiencias, tanto agradables, como desagradables. Reconocer la realidad de que no todos los eventos tienen que ser de tu agrado, es un signo de madurez.

Dejas de vivir en la anticipación, encuentras tu ritmo, permitiendo que la vida se exprese en su dinamismo. Vivir es mucho más que no estar muerto, es nacer a cada instante, conociendo que la vida es efímera. Aprecia el milagro de vivir con pasión enamorada. Haz las paces con el pasado, aprende a fluir, encuentra motivos para el agradecimiento, para confiar, desde tu propia serenidad interior, en un futuro todavía intacto, sintiendo que la existencia se expresa en ti.

Recuerda que la gratitud es riqueza, te hace conectar con tu plenitud interior, y la queja es pobreza. Acepta la vida tal y como viene, con o sin las cosas que tu mente demanda de ella.

Prueba a profundizar más allá del discurso de tu mente sobre todo esto, adéntrate en tu jardín interior, ese espacio donde te vives como plenitud, ese lugar donde no eres carente de nada.

Desde el jardín – Cómo te relacionas con tu mente.

Si dedicas unos instantes a analizarlo, veras que puedes relacionarte con tu mente de tres formas diferentes:

  1. Tu mente es un problema.
  2. Tu mente es un instrumento.
  3. Eres independiente de la mente y de cualquier cosa que ocurra en ella.

Hay que realizar un viaje de la primera a la tercera.

Cuando la mente es débil, la situación se vuelve un problema. Cuando la mente está equilibrada, la situación es un desafío. Cuando la mente es fuerte, la situación se vuelve oportunidad.

La mente es el medio para entender y afrontar el mundo, es importante tener una mente preparada, fuerte, equilibrada para afrontar las diferentes situaciones que encontramos en el día a día. Tenemos muchos mecanismos, comportamientos y reacciones adquiridos por el ambiente en el que nos hemos criado y por la educación recibida.

Muchas veces la mente es totalmente mecánica, va por su cuenta, es reactiva, entonces te hace totalmente impotente y  la ves como un problema. Con los modos mecánicos de pensar, las actividades de la vida también se vuelven mecánicas. Si surge algún contratiempo aparece la ira, la frustración, tendiendo muchas veces a culpabilizar de lo que sucede a los demás o a la situación. Es una mente que tiende a agrandar lo que «interpreta que sucede». Por ejemplo, tienes un malentendido con un vecino y tu mente ya empieza a darle vueltas y más vueltas: «fíjate, me ha dicho esto y lo otro, cuando lo vea me va a oír…», haciendo una bola cada vez más grande, generando una tensión y ansiedad que son inútiles e innecesarias. La agitación parece ser la naturaleza misma de la mente. La mente es turbulenta y sigue sus modos de ser y yo no tengo ningún control sobre ella.

Si ya hay cierto entrenamiento, vas aprendiendo a utilizar tu mente como un instrumento que debes manejar para no caer en esa mecanicidad inconsciente. Tu mente va adquiriendo una progresiva madurez y entrenamiento para desidentificarte de lo que en ella sucede. Las acciones serán más conscientes y menos reactivas. Dispondrá de mayor lucidez para detener los pensamientos negativos e ir construyendo una mente más positiva y proactiva.

Cuando ya entiendes y experimentas que tu naturaleza, y la de tu mente, es el silencio, has dado el «gran paso», ya sabes que no eres tu mente, ni tampoco su contenido. Esto no quiere decir que la mente se acalle por completo, los procesos mentales siguen estando ahí, pero ahora sabes que los puedes observar sin que te afecten. Esto tiene que servir para tu día a día, anticipándote a las reacciones inconscientes de la mente y, cuando se produzcan reacciones así ¡que las habrá porque eres humano! podrás o bien darles rienda suelta porque así lo quieres o saber darles espacio para poder gestionarlas.

Es decisión tuya implicarte en este maravilloso proyecto, el yoga, la meditación, la acción consciente, son muy buenas herramientas a tu disposición para llevarlo a cabo, eso si, necesitas una buena dosis de compromiso contigo mismo y también de disciplina ya que hay hábitos mentales muy muy arraigados.

LA PEQUEÑA LUCIÉRNAGA

Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de la India. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.

Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.

– No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.

Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.

-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-. ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.

-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.

Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.

Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?

-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.

-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.

La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto lo visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.

-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.

-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.

-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.

La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.

Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y  por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.

Momento de aquietar tu mente y escuchar a tu corazón.

Ahora que las circunstancias nos han obligado a hacer un parón, a recluirnos en nuestras casas, a no hacer vida social, es un momento perfecto para revisar nuestro modo de vida. ¿Realmente llevas la vida que quieres llevar o, sin darte cuenta, te dejas arrastrar por lo que marca la sociedad, las tendencias, el mercado, etc.?

Precioso momento para comprender la necesidad de una vida sencilla, dándote cuenta de que lo más valioso no se puede comprar y que lo echas de menos cuando no lo tienes: ver a familiares y amigos, abrazarlos, pasear, estar en contacto con la naturaleza…

Damos por hecho muchas cosas, vivimos en la sociedad de los «derechos», que permanentemente reclamamos, olvidando que también debemos contribuir para que el «engranaje» social funcione. La situación que estamos viviendo hace que nos demos cuenta de cuanto nos necesitamos los unos a los otros, permitiendo salir lo mejor de nosotros mismos, los valores intrínsecos que son aquellos inherentes a la persona: la verdad, la lealtad, la generosidad, la honradez, la solidaridad, la libertad, etc., constituyen el verdadero patrimonio del ser humano. Se nace con ellos y se los acrecienta con la educación y el ejemplo.

Esta crisis sanitaria, que nos iguala a todos y nos hace ver nuestra vulnerabilidad como especie, puede servir para rebajar algunos egos y plantearnos algunas reflexiones: ¿cómo estás viviendo la situación de aislamiento, cuál es tu diálogo interior?, ¿sientes miedo a veces?, ¿qué tal gestionas vivir en la incertidumbre?, ¿qué puedes mejorar en tu vida y en ti mismo al salir de esta situación?

Son cuestiones que requieren mirar hacia dentro, aprovecha para interiorizarte, escucha tu corazón, tu sentir más íntimo, profundiza en tu espacio de amor y compasión para hallar respuestas y para morar en tu propia paz y serenidad, aprendiendo a mirarte y a mirar desde esa perspectiva más amplia, más plena, más libre.  OM SHANTI

LOS RITMOS DE LA VIDA II. Con la influencia positiva de Chandra Namaskara.

El yoga propicia nuestro bienestar físico y psíquico, esto se debe en gran parte al reajuste que va haciendo su práctica sistemática sobre nuestros propios ritmos biológicos, acercándote a los que son más acordes a tu verdadera naturaleza y distanciándote de los que impone la sociedad y el modo de vida actual. También a la armonía que fomenta entre la parte física y la parte mental, los dos hemisferios cerebrales, el sistema nervioso simpático y el parasimpático y aspectos sutiles que yoga contempla, como el equilibrio de los nadis.

Por todo ello, para alternar o combinar de vez en cuando con Suryanamaskar (el saludo al sol), te sugiero practicar Chandranamaskar (el saludo a la luna).  Como en el saludo al sol, el punto más importante es evitar el esfuerzo descontrolado o desmedido. Cada movimiento debe realizarse con un mínimo de esfuerzo, utilizando solamente los músculos requeridos para asumir y mantener la postura. El resto del cuerpo debe permanecer lo más relajado posible. Relájate en cada posición. De esta manera, el estiramiento será más eficaz y placentero y podrás conservar la energía. Trata de hacer que los movimientos se fundan suavemente el uno en el otro, como si fuera una danza que ofreces a la luna.

Te colocas en la parte posterior de la toalla o de la esterilla y vas desarrollando los movimientos, de forma consciente y suave y perfectamente coordinados con la respiración:

  1. Postura del diamante, sentado sobre los talones, con la espalda recta y la manos en anjali mudra, palmas unidas delante del pecho,  en esta posición expulsa hasta vaciar bien tus pulmones.
  2. Postura del diamante en extensión, al inspirar, con las palmas de las manos unidas, eleva los brazos a la vertical al tiempo que te arqueas hacia atrás, llevando el quiebro a nivel dorsal.
  3. Postura de flexión hacia delante, reteniendo el aliento vuelves a la vertical, diriges las palmas de las manos hacia delante y  flexionas el tronco hacia delante, llevando la frente y las palmas de las manos al suelo, manteniendo las nalgas sobre los talones,  los brazos estirados y separados la anchura de los hombros. Expulsando, te deslizas hacia delante, pasando entre tus manos, hasta extender todo el cuerpo.
  4. Postura de la cobra, al inspirar, traccionando con las manos hacia abajo y hacia atrás, con los codos un poquito flexionados y pegados a los costados, para que los hombros queden bajos y hacia atrás.
  5. Postura de la montaña, expulsando dejas la cobra, empujando con tus manos, llevas la pelvis arriba y atrás, haciendo una uve invertida.
  6. Postura del ángel, lanza el pie izquierdo entre las manos, une las palmas de las manos y al inspirar  eleva los brazos a la vertical al tiempo que te arqueas hacia atrás.
  7. Postura de la pinza de pie, expulsando deshaces la postura, llevando el pie derecho hacia delante, hasta que llegue a la altura de tus manos para hacer la pinza de pie.
  8. Postura de la media rueda, une las palmas de las manos y al inspirar, rectificando la espalda, vas elevando primero los brazos y luego el tronco. Contrae las nalgas y arquea bien tu espalda para hacer una extensión de la columna hacia atrás.
  9. Postura de la pinza de pie, flexionas el tronco hacia delante con la espalda recta y expulsando te cierras en la pinza de pie. (Igual que la 7)
  10. Postura del ángel, desliza el pie izquierdo hacia atrás, une las palmas de las manos e inspirando elevas los brazos a la vertical y te arqueas hacia atrás. (Igual que la 6)
  11. Postura de la montaña, deshaces la postura colocando las manos a ambos lados del pie, llevas el pie derecho hacia atrás y expulsando, la uve invertida. (Igual que la 5)
  12. Postura de la cobra, desciende el pubis hasta apoyarlo en el suelo y, al inspirar, haces la cobra dejando que el pecho se proyecte entre tus brazos. (Igual que la 4)
  13. Postura de flexión hacia delante, expulsando desciende el pecho y la frente al suelo, empujando con las manos, elevas la pelvis tirando de ella hacia atrás, para ir a sentarte sobre los talones, con la frente en el suelo y los brazos estirados hacia delante. (Igual que la 3)
  14. Postura del diamante en extensión, une las palmas de las manos y, al inspirar, eleva los brazos y el tronco a la vertical arqueándote hacia atrás. (Igual que la 2)
  15. Postura del diamante, desciende los brazos con las manos unidas por delante del pecho en una lenta y larga expulsión, hasta colocar de nuevo el anjali mudra. (Igual que la 1)

Nota: aunque en el dibujo, en la postura de la pinza de pie (7 y 9), eleva los brazos, puedes mantener las manos o la punta de los apoyados en el suelo a ambos lados de los pies.

Esta entrada complementa a la dedicada a Surya Namaskara.

Chandranamaskar

Chandranamaskar

Amada India

En este año 2019 por fin llegó la tan deseada oportunidad de conocer mi amada India.

El viaje lo organizaba Vedanta Academy, la plataforma en la que actualmente estoy recibiendo la enseñanza del Vedanta. Por supuesto el viaje no tenía nada que ver con la idea preconcebida: norte de India, viaje tranquilo, actitud meditativa, etc. ya que era en grupo, casi 40 personas de Argentina, México, Colombia, Chile, Perú, Brasil y España, ¡casi nada!, todo un reto para mi que estoy acostumbrada a muchos momentos de estar a solas conmigo misma, además no fue por el norte sino completamente al sur de India. También hubo un factor determinante en la dinámica del Yatra (peregrinación) que fue la ausencia de nuestro querido maestro Óscar Montero, a causa de un problema familiar grave, aunque eso hizo que se reforzara el sentimiento de grupo, ya que fue petición suya que el Yatra siguiera adelante.

Así pues, con la incertidumbre de no saber muy bien con qué me iba a encontrar, pero con las ganas y el entusiasmo que me caracterizan, comienza el Yatra el día 26 de septiembre. Tras todo el periplo del viaje (con algún pequeño incidente burocrático), llegamos (varias personas desde Madrid) a Bangalore, al pisar suelo indio me sentí inmensamente feliz y acogida, como si ya hubiera estado allí, ¡por fin en mi anhelada India!

El recorrido fue largo, comenzando en Bangalore, después Mysore, Coimbatore, Kerala, Cochin, Thekkady (Periyar),  Madurai, Tanjavur, Chidambaram y Kanchipuram. En todo ese amplio trayecto recibimos enseñanzas variadas: clases de música, de recitación sánscrita, Yoga, Vedanta, entre nosotros hicimos alguna reunión (satsang) para trabajar acerca de los valores. Pudimos alojarnos en el Ashram de Swami Dayananda, Arsha Vidya Gurukulam, en Coimbatore, donde nos integramos en la vida sencilla de devoción y enseñanza siguiendo las rutinas del ashram. Visitamos el Ashram de Swami Chinmayananda, Chinmaya International Foundationen Kerala, donde también recibimos enseñanza de Vedanta e hicimos una bonita ofrenda de lamparitas de aceite.

Las fechas del viaje eran muy auspiciosas ya que se programó para la celebración de Navaratri (las nueve noches de la diosa) entonces tuvimos la oportunidad de asistir a muchas celebraciones y pujas (ofrendas), visitando muchísimos templos en los que pudimos comprobar la ferviente espiritualidad del pueblo indio, su cercanía y la gran aceptación que tienen ante los acontecimientos de la vida, su hospitalidad, su generosidad y su paciencia, van a otro ritmo ¡te lo aseguro! Contando con la presencia de buenos guías que nos permitieron entender mejor el pensamiento hindú y sus innumerables tradiciones.

En resumen, para ser la primera vez, fue un viaje intenso, a veces agotador por las horas de viaje en autobús de un sitio a otro, con constante bullicio de gente, en India hay gente y tráfico por todos lados; por otro lado fue un Yatra bello, por la oportunidad de conocer a compañeros de Vedanta de diferentes países y convivir con ellos, fue muy enriquecedor; porque se dieron circunstancias muy especiales en diferentes ocasiones, como que un brahman nos invitara a comer y a pasar el día en su casa y otro, al día siguiente, para transmitirnos su enseñanza y a desayunar.

Aunque a la vuelta no fui muy consciente, si que hay un antes y un después de India, allí respiras, sientes, conectas, ves en vivo y en directo, a cada instante, en su cultura, en su modo de vida, todo aquello que sabes que está en lo más profundo de ti y que los hindúes lo tienen presente sin tener que estudiarlo ni pensarlo, puro Vedanta y devoción.

En este enlace puedes encontrar el testimonio de otra alumna de Vedanta Academy con la que compartimos la experiencia de este Yatra.

¡Gracias a todo lo que ha hecho posible este Yatra y todas las personas con las pude sentir, aprender, crecer y compartir hermosos momentos! HARI OM