Pratyāhāra – Interiorización de la mente y los sentidos.

El yoga comprende un amplio sistema de prácticas que brindan herramientas para el crecimiento personal y el desarrollo espiritual.

Con tal fin, el sistema de yoga clásico, Ashtanga Yoga de Patañjali, incluye ocho ramas que forman un sistema completo para el desarrollar todo el potencial humano. Estas ocho ramas son: yama (principios universales), niyama (preceptos individuales), asana (postura), pranayama (control de la energía vital a través de la respiración), pratyahara (retracción de los sentidos), dharana (concentración), dhyana (meditación), samadhi (absorción). Entre ellas, pratyahara es probablemente la menos conocida.

El yoga tiene un aspecto externo que consiste en vivir correctamente, cuidar el cuerpo de manera apropiada y potenciar la energía vital. De esto se ocupan los yamas, niyamas, asanas y pranayamas. Yama y niyama construyen la base del buen comportamiento a través de valores tales como la no violencia y la honestidad, y mediante prácticas como la higiene y la alegría. Por su parte, asana hace que el cuerpo sea fuerte y flexible, mientras que pranayama desarrolla y equilibra la energía vital.

El yoga también posee una dimensión interna: la meditación y el desarrollo de la consciencia superior. Este es el verdadero propósito del yoga, enfocar en dharana, dhyana y samadhi, que forman en conjunto un único proceso conocido como samyama, o la meditación en su sentido más amplio.

Pratyahara, al ser la quinta de las ocho ramas, ocupa un lugar central. Algunos la incluyen entre los aspectos externos del yoga, mientras otros la sitúan entre los internos. Para realizar esta transición, es necesario el control y el desarrollo de la respiración y los sentidos que conectan el cuerpo y la mente. Es aquí donde aparecen pranayama y pratyahara. Con pranayama controlas tu energía vital e impulsos, mientras que con el pratyahara aprendes a dominar los sentidos ingobernables, dos requisitos esenciales para lograr una meditación exitosa.

Etimológicamente, Pratyahara está compuesto por dos palabras sánscritas: prati y ahara. Ahara significa «alimento», o «cualquier cosa que ingerimos desde el exterior». Prati es una preposición que significa «contra» o «lejos». Pratyahara significa literalmente «control de ahara«, o «adquirir el dominio sobre las influencias externas«. Se compara a una tortuga que retira sus extremidades dentro de su caparazón – el caparazón de la tortuga es la mente y los sentidos son las extremidades. El término suele traducirse como “retirada de los sentidos”.

Cuando experimentas algo a través de cualquiera de los sentidos, hay una tendencia natural a captar lo que sea. En esa captura, la mente tiende a superponer un nombre o un concepto a las sensaciones crudas asociadas con la experiencia, es como si lo estuvieras comiendo y digiriendo. Este es un proceso natural de la mente, que necesita algún tipo de conocimiento referencial para dar sentido a cualquier experiencia. Normalmente está siendo atraída hacia esos objetos de los sentidos o está rechazando esos objetos cuando no le resultan agradables, moviéndose en una permanente dualidad. Pratyāhāra, por lo tanto, es la liberación del impulso de engullir lo que entra en nuestros sentidos, para dejar los campos sensoriales y permitir que sean tal como son.

El doble sentido del Pratyahara

Así Pratyahara tiene un doble sentido: implica retirarse del alimento equivocado, de las impresiones equivocadas y de las asociaciones equivocadas, mientras que, simultáneamente, uno se abre a la comida correcta, a las impresiones correctas y a las asociaciones correctas. No podemos controlar nuestras impresiones mentales sin una dieta correcta y las relaciones adecuadas, pero la importancia primordial de pratyahara radica en gestionar las impresiones sensoriales, para que la mente liberada de ellas pueda interiorizarse.

Mientras los sentidos se aferren al mundo exterior, estaremos atrapados en la red de sus fluctuaciones impermanentes y siempre cambiantes. La identificación con los sentidos perpetúa la ignorancia espiritual y, por lo tanto, nos hace confundir la mente cotidiana con el verdadero Yo. Es a través de la retirada de los sentidos por la práctica de pratyahara que empezamos a realizar nuestro verdadero Yo.

Pratyahara implica la habilidad de apagar los sentidos a voluntad y enfocar el campo de la actividad de la mente en el mundo interno. Cuando estás practicando pratyahara tu mente ya no se distrae por las sensaciones externas. Por lo tanto, la técnica esencial de pratyahara es el retiro de la mente del mundo exterior.

Por ello, en la actualidad, en un mundo cosmopolita donde nuestros sentidos se encuentran saturados, requerimos más que nunca del pratyahara para serenarnos internamente.

Madurez Emocional – Preparación para el autoconocimiento.

Según Vedanta, la paz es una condición interna, es algo que has de conquistar, implica un desafío mental, emocional y moral, que se ve reflejado en tu cotidianidad.

Más allá de entender lo que eres a nivel metafísico, de autoconocimiento, tienes que manejar una individualidad que tiene una historia, que implica deseos, aversiones, experiencias, traumas, carácter, etc. Por eso, el estudio de Vedanta es complementado con una serie de disciplinas: asana, meditación, aspectos devocionales, rituales, que son innumerables. Dentro de ellas, las que disciplinan la mente y la emociones puede que sean las más valiosas y las más difíciles, porque para internalizar ese autoconocimiento es necesario que la mente tenga un equilibrio relativo. Aunque también lo más difícil, suele ser más liberador.

Es muy común en nuestra sociedad aprender desde pequeños a ver las emociones como defectos o dolencias. Para algunos, la espiritualidad es una forma de acabar con las emociones y desentenderse de ellas, parece que con la espiritualidad las puedas eliminar. Es una gran equivocación pensar algo así, pensar que una persona espiritual es alguien sin deseos, sin emociones, que no se enfada, porque está por encima de todo eso. Esta manera de pensar sólo cabe en una mente llena de falacias e ignorancia. Realmente, las personas espirituales son sencillas, simples, con deseos como todo el mundo, te enseñan a aprender a vivir contigo mismo y a entender que esas emociones que surgen en cada uno de nosotros no están fuera de lugar, están dentro de un orden y tienen un propósito.

Es normal que no quieras afrontar algunas emociones, porque ante la rabia o la ira, puedes destruir cosas, relaciones, momentos, etc.. Por ejemplo, cuando en una relación esas emociones no se expresan bien en un momento de furia o de falta de claridad, eso no quiere decir que tengas que eliminar esa emoción, sino aprender que hacer con ella, saber gestionarla.

Comienza por deshacerte de la idea de que las emociones son un monstruo, sino que más bien tienen un propósito. Por ejemplo, si alguien traspasa tus límites y no los respeta, sientes rabia y has de usarla para poder restablecerlos, porque si no la expresas de manera adecuada y proporcional y te la quedas dentro, sin comunicar como te sientes por esa situación, tu eres la primera persona perjudicada y la otra persona tampoco se entera y no aprende.

Acercarte al autoconocimiento requiere una mente receptiva y en paz, es necesario acondicionar la mente para lidiar con las emociones, aprendiendo más sobre ti, con una transformación efectiva que te permita crecer. Y es por medio de la madurez, la inteligencia y la gestión emocional, que te confiere la capacidad de ser empático, reflexivo, asertivo y hábil a la hora de resolver conflictos, como vas a conseguir lograr esa calma y armonía mental. La madurez emocional es una inversión cotidiana, es un despertar continuado hacia uno mismo y hacia los demás.   

En próximas entradas comentaré los diferentes elementos para desarrollar esa madurez emocional. ¡Estad atentos al blog!                                                         HARI OM TAT SAT

Conociendo a Gaṇeśa गणेश

En las clases de Yoga estamos aprendiendo un hermoso stotram (himno) dedicado a Gaṇeśa, así que he preparado esta entrada con más información sobre esta divinidad hindú.

El verso es el siguiente:

śuklāmbaradharam viṣṇum śaśivaracaturbhujam

prasanna vadanam dhyāyēt sarva vighnōpaśāntayē

Medito en Aquél que lleva blancos ropajes, que es omnipresente, brillante como la luna, con cuatro brazos, con rostro amable y pacificador de todos mis obstáculos.

Es el Dios de la Sabiduría y Señor de los Comienzos, muestra una cabeza de elefante sobre un cuerpo humano, representando el Atman o espíritu divino y el mundo material respectivamente.

En Sus manos superiores puede mostrar el hacha y el lazo, y en las inferiores el colmillo roto, símbolo de autosacrificio (pero también de fecundidad) y las golosinas, símbolo de la dulzura de la Bhakti o devoción amorosa al Señor.

Su vahana o montura es la rata, símbolo de la superación de todos los obstáculos.

Hay cientos y miles de advocaciones de una misma divinidad. Gaṇeśa es el Señor de los ganash, los ejércitos de Śiva, tiene la compostura de un ganah y generalmente se compone de cinco talas (unidad de medida en el arte hindú), no es como los demás, mide como la mitad, según las cualidades de lo representado tiene un número de talas diferente. Es el señor de los principios, es digno de ser explicado y porque es mucho más de lo que pensamos cuando lo adoramos, es amoroso, bondadoso, está de parte de sus devotos, nunca se enemista con la humanidad, es digno de ser adorado. Al mismo tiempo, a través de su forma, nos explica mucho más de lo que parece. Cuando adoras a Gaṇeśa no sólo adoras a Dios, sino que adoras también al mundo.

  • Cabeza de elefante, aparece en el Śiva Purana, en el Linga Purana y en más textos. Representa el Ātman, la sabiduría del Ser. Se dejaba guiar por su ego y con la decapitación que le hizo Śiva lo quitó para sustituirlo por ese Ātman, el alma profunda, el Ser. Aunque también tiene otras muchas explicaciones como que él escogió tener esa cabeza porque así con esas grandes orejas puede oír todas las oraciones de sus devotos y con los ojos pequeños no es capaz de ver sus pecados, así de bondadoso es.

  • Cuerpo gordo, redondo, es el mundo material, es un cuerpo humano, en su barriga está contenido el universo entero.

  • Cuatro brazos, representan los poderes del Dios. Aunque no porque tenga más brazos va a ser más poderoso, a menudo cuando tienen menos suelen ser más elevados, representan más fácilmente la divinidad, porque tantos brazos representan lo rajasico, el poder desplegado, pero la divinidad finalmente es espíritu, no es acción, es Ishwara, sat-chit-ananda. Lo cuádruple es muy importante en la cultura hindú: los cuatro Vedas, las cuatro esquinas del Yajña (ritual de fuego), las cuatro esquinas representan los cuatro Vedas y también los cuatro pétalos de muladhara, primer chakra desde el que comienza tu vida espiritual y siendo Gaṇeśa el señor de los principios es el regidor de este chakra. En cada uno de los brazos porta una cosa, ayudhas, armas o atributos.

  1. Un hacha, parashu. Como dios no desea ver a sus devotos en lo mundano, representa el arma afilada que es el discernimiento, corta los apegos mundanos. Para comprender las realidades espirituales tu entendimiento ha de ser afilado como el filo de hacha.
  2. Un lazo, pasha, porque por otro lado ata, por su gracia tenemos este condicionamiento. También se dice que representa el apego divino que es el que te va a liberar, ata amorosamente a sus devotos junto a él.
  3. Un colmillo, concretamente el izquierdo Según la leyenda, Vyāsa, el gran compilador de los Vedas se vio en la obligación de escribir el Mahābhārata, para lo que llamó a Gaṇeśa y como no tenía con que escribir se cortó el colmillo y escribió con él. En otro contexto iconográfico, arrancarse el colmillo representa el ascetismo y el discernimiento. Discernimiento porque ha sabido arrancar de si lo que no era favorable y ha sabido mantener lo favorable para la vida espiritual, por eso es el izquierdo que, en este contexto, representaría lo no auspicioso para la vida espiritual. Desprendernos de cosas nuestras cuesta, es doloroso, porque eso representa el ascetismo porque como humanos tenemos apegos, egoísmo, cosas mundanas que nos alejan de la divinidad. A veces, en lugar del llevar el colmillo, con esa mano nos ofrece su bendición y protección.
  4. Un recipiente con dulces. Le encantan los dulces. Se dice que está gordo porque es el dios más adorado de toda la India y tiene que comer todo lo que ofrecen sus devotos. Por un lado representa las bondades del ascetismo, aunque a veces te cuesta hacerlo, luego con el resultado te sientes mejor y esa satisfacción es lo que representa el dulce. La recompensa a los devotos por guardarle oración y devoción. 
  • Está sentado de manera rara, no es habitual verlo en actitud yóguica, se complace con la devoción de sus seguidores, no requiere esas actitudes yóguicas, está relajado. 

  • Bajo sus pies hay una rata, mushika. Casi todos los dioses tienen una montura, vahana, un animal que les es propio, que puede ser real o fantástico, un animal semidivino. Uno de sus significados es la superación de todos los obstáculos, Vighneshvara, para el camino espiritual o para cualquier otra acción que quieras emprender, las ratas son muy ingeniosas a la hora de sortear todos los obstáculos. Al mismo tiempo representa la superación de todos los miedos, el mayor miedo de un elefante es un ratón. Gaṇeśa monta la rata porque está más allá de todo miedo y de todo condicionamiento. Es el divino hijo de Śiva. Vemos que Gaṇeśa es mucho más de lo que parece. Hablaremos de más detalles y significados en las siguientes clases. Por el tipo de la postura y la forma de la divinidad podemos saber que tipo de divinidad es, en que forma debe adorarse.

Gaṇeśa no siempre está recto, sino que muchas veces está inclinado porque cuando una divinidad se inclina, se adora como que representa la gracia divina, se inclina hacia el devoto. Otras veces, sobre todo cuando es una divinidad importante, se la coloca recta, esto significa que se adora como el Dios supremo, por ejemplo un altar con la familia de Śiva, él y su Pārvatī estarían erguidos y Gaṇeśa y Kārttikeya inclinados hacia ellos porque serían divinidades secundarias. En este caso Shiva aparece manifestado como Señor Supremo, mientras que Gaṇeśa sería una emanación de Śiva. Si Gaṇeśa aparece erguido se le adora a él independientemente. 

Que esta auspiciosa Deidad nos bendiga y proteja, ayudándonos a superar las dificultades que encontremos en la Vida y disipando los obstáculos que se presenten en nuestro camino hacia el conocimiento del Ser.

     ¡Om Gam Ganapataye Namaha!

Vak – El sagrado don de la palabra.

Quiero proponeros un reto, una reflexión y puesta en práctica sobre algo que me parece muy relevante y que hoy en día, generalmente, no le damos mucha importancia: El valor de la palabra.

Niti Satakam de Bhartṛhari es un famoso texto sobre valores, en el que dice: «El mayor ornamento de una persona es su habla refinada y dulce. El resto de adornos se vuelven insignificantes ante el habla”. Dentro de la cultura védica, el preciado don de la palabra, vak, está representado por la diosa Sarasvati.

En el verso 15 del capítulo XVII de la Bhagavad Gītā dice en que consiste la palabra refinada, sáttvica, exponiendo cuatro factores:

  1. Satyam, verdadera.

  2. Anudvegakaram, que no dañe.

  3. Priya, amorosa, compasiva.

  4. Hitam, beneficiosa para la persona a la que va dirigida.

  1. Satyam: Para que el habla sea verdadera tienes que decir la verdad, aunque mentir te ahorre problemas, a vece esa es la ventaja que tiene mentir, sea una mentira grande, pequeña, espontánea o deliberada, te puede sacar de algún apuro. La desventaja es que no crea una mente conducente para moksha (la liberación), te aleja de moksha, crean una mente que va a tener que esconder, va a tener que hacer un esfuerzo para que no vean, para que no sepan y esa es una mente no clara, una mente que no vive en paz, que le cuesta encontrar su propia tranquilidad. Por un lado, tiene una ventaja, pero por otro lado tiene un coste muy grande, cada uno tiene que sopesar y decidir qué es lo que quiere.

  2. Anudvegakaram: Que no sea dañina, puede que lo que digas sea verdadero pero seguro que va a hacer daño a muchas personas. Seguro que conoces a alguien que presume de decir siempre la verdad, de decir lo que piensa, esa persona es adhármica, no tiene una conducta acorde con unos valores firmemente establecidos. Una persona que no tiene pelos en la lengua, dice verdades como puños pero que causan daño a otras personas, no tiene habla refinada, es un habla brusca, daña a los demás, se sienten atacados. Cuando hables tendrás que conocer las circunstancias de la persona o del grupo para poder evitar las palabras que puedan hacer daño, implica un conocimiento de la persona que está delante, para no dañar. Estas reglas no son absolutas, hay excepciones, hay momentos en los que será inevitable dañar porque no haya otro remedio, requiere interpretar y valorar cada situación. Es mejor seguir la regla que acogerse a la excepción para justificar una debilidad personal y decir lo que te dé la gana.

  3. Priya: Que te importe la persona. No sólo es lo que dices, sino el tono, la manera de decirlo, los decibelios, aunque digas una cosa, el tono o la actitud quiere decir otra, no hay una comunicación amorosa, compasiva, la actitud, como habla el cuerpo, si te importa como puede afectar a la otra persona. La expresión amorosa hacia la otra persona incluye también saber escoger el momento adecuado para hablar, ver el impacto de tus palabras en la otra persona, tener empatía.

  4. Hitam: La persona ha de ganar algo con lo que le dices, es para su propio beneficio. Muchas veces hablamos sin pensar en si lo que estamos diciendo tiene algún interés o beneficio para la persona o personas que escuchan, si hacemos esa reflexión, tal vez aprendamos a dar más valor al silencio, a una simple pero expresiva mirada o a una sonrisa que siempre alegra y anima. Cuando eres cuidadoso con las palabras aprendes a saber callar. También evitar llevar y traer chismes y cotilleos que no benefician a nadie o criticar a otros a sus espaldas. Ten en cuenta que una vez que ha salido de tus labios ya no hay vuelta atrás.

Otro factor importante es el diálogo interno, cuidar lo que te dices a ti mismo, aplicando también estos cuatro valores. También que haya coherencia y armonía entre tus pensamientos, las palabras que los expresan y las acciones que derivan de ellos, es la mejor manera de estar en paz y sentirte bien contigo mismo. Utiliza el poder de tus palabras para avanzar en la dirección de la verdad y el amor.   HARI OM TAT SAT

Surya Bheda Pranayama – La respiración solar

Surya significa sol y bheda perforar, permeabilizar. Por tanto, su significado sería: respiración que permeabiliza el conducto solar, el conducto nasal derecho, el nadi pingala. Consiste en inspirar por el conducto nasal derecho (solar) y expulsar por el conducto nasal izquierdo (lunar).

Detalles de la práctica:

  • Se practica sentado en la postura de meditación, con el tórax bien alto y la espalda recta. En una posición inmóvil y estable pero relajada. Los ojos cerrados y el rostro relajado.
  • Toma consciencia de la respiración, como preparación previa a la práctica, ve alargándola y profundizándola, centrando la atención en ese proceso con plena y serena consciencia.
  • Puedes adoptar diferentes mudras (posiciones de las manos) para tapar las fosas nasales, como Nasagra mudra: mano derecha hacia la cara, apoyando los dedos índice y medio entre las dos cejas para cerrar suavemente la aleta nasal derecha con el dedo pulgar y la izquierda con el anular. También puedes utilizar Vishnu mudra, igual pero sin apoyar los dedos índice y medio, se mantienen flexionados entre los otros dedos.
  • Cierra el conducto nasal izquierdo, presionando suavemente la aleta nasal, e inspira lentamente por el derecho. Después cierras el derecho para expulsar lentamente por el izquierdo. Esto es un ciclo, repite varios, evita forzar, cansancio, incomodidad o fatiga. Si es necesario, respira cómodamente entre dos ciclos.

Esta es la variante más sencilla, sin retención del aliento. El pranayama se hace más vigoroso y potente si introduces la fase de retención a pulmones llenos, kumbhaka, en ese caso sería:

  • Cierra el conducto nasal izquierdo, presionando suavemente la aleta nasal, e inspira lentamente por el derecho. al final de la inspiración cierra también la aleta nasal derecha. Retienes el aire, aplica en primer lugar jalandhara bandha y después mula bandha, manteniendo la retención un tiempo máximo confortable.
  • Relaja mula bandha y jalandhara bandha y, abriendo el conducto nasal izquierdo, expulsa lentamente.

– La respiración debe ser profunda, lenta y confortable. Como es muy activador, mejor practicarlo por la mañana, te proporcionará vitalidad para la jornada.

Algunos de los beneficios de este pranayama son:

-Aumenta el calor del cuerpo y despierta el hemisferio izquierdo, el relacionado con la planificación y el cálculo.

-Despeja la cabeza y los senos frontales.

-Es beneficioso para personas con reumatismo.

-Revitaliza el sistema nervioso.

-Aumenta la energía y el dinamismo.

-Ayuda vencer la pereza.

Espero que esta práctica te resulte de utilidad y ¡te deseo un día simplemente fabuloso! Es hora de vivir la vida intensamente y con plena consciencia. HARI OM TAT SAT

Momentos de calma

En este comienzo de un nuevo año quiero hacerte una sencilla y a la vez gran propuesta.

Te va a servir para frenar el, muchas veces trepidante, ritmo de vida que llevamos sin darnos cuenta. Consiste en hacer varias pausas a lo largo del día para desarrollar consciencia sobre lo que estás viviendo, la manera en la que te relacionas con ello y las sensaciones o reacciones que provoca en ti.

Es algo que puedes hacer simplemente en cualquier momento del día, asociándolo a algún hecho en concreto (una alarma que activas, antes de hacer una determinada actividad, antes de contestar un mensaje que has recibido, etc.). También es muy útil si lo aplicas cuando una situación te desborda por la razón que sea, puede ser en el instante que sucede o más tarde, revisándola, pero sin alimentarla. ¡Vamos a ello!

  1. Paras y te detienes para observar tus pensamientos, sobre todo en el caso de algo que te haga sentir mal, trata de hacerlo de manera imparcial, sin dejarte atrapar por ellos.

  2. Respira lenta y profundamente tres o cuatro veces, alargando bien la expulsión.

  3. Observa si hay alguna zona de tu cuerpo más incómoda, tensa, dolorida, inquieta, con calor, etc. y, si es así acaríciala mentalmente para suavizarla, de manera que te sientas reconfortado.

  4. Una vez que se ha calmado, vuelves a la respiración y permaneces unos instantes observándola, sin intentar dirigirla ni cambiarla. Simplemente, deja que tu atención repose en ella.

  5. Regresarás a la tarea que dejaste en pausa, con una actitud más consciente y serena.

Una forma abreviada es tan sencilla como: PARAR, RESPIRAR y OBSERVAR.

No hacen falta motivos para realizar estas pausas renovadoras cada cierto tiempo a lo largo de la jornada. ¡Tu bienestar, tu paz, tu felicidad aumentarán y lo notarás cada día!

YOGA EN TIEMPOS DE COVID

Ahora más que nunca necesitas conocer y practicar Yoga. Puede que creas que ahora no es el mejor momento para empezar, pero tal vez sea el punto de inflexión que te lleve a tomar una decisión tan importante a la hora de gestionar tu salud física, psíquica, emocional y espiritual.

Son momentos de cambio constante, de incertidumbre, miedo, inseguridad, etc., teniendo que revisar a cada momento lo que antes creíamos tener claro. Hay muchas personas a las que esta situación les afecta psicológicamente, produciendo estados depresivos, estrés, preocupación constante, ansiedad, inestabilidad emocional, etc. El Yoga te va a proporcionar medios para poder resolver todos estos aspectos que ya se han vuelto bastante comunes en nuestro día a día.

El Yoga contribuye a mejorar la salud psicofisiológica y a reforzar el sistema inmune. Además, se practican numerosos ejercicios de respiración que resultan ser muy beneficiosos para fortalecer tu sistema respiratorio y mejorar la función pulmonar.

Las diferentes prácticas yóguicas: asanas (posturas), pranayama (respiración), dhyana (meditación), relajación, técnicas de limpieza, etc., ayudan a modular la respuesta fisiológica a los factores de estrés que debilitan nuestro sistema inmunológico. Estas técnicas te servirán para conectar con el espacio de calma y serenidad que existe en tu interior, lugar en el que encontrarás el reposo y sosiego que tanto necesitan ahora tu cuerpo, tu mente y tu mundo emocional.

Practicando Yoga puedes sentir que estás en un espacio tuyo único para poder conectar con tu más íntimo estado interno de tranquilidad y de paz que te renueva y prepara para afrontar tu vida cotidiana. La solución para poder gestionar con más serenidad y entereza lo que viene del exterior está en tus manos ya que no depende tanto de lo que llega, sino de como lo interpretas y resuelves. El Yoga te hará sentir más fuerte, tanto física como mentalmente y te va a aportar claridad mental y una visión más amplia que te serán muy útiles a la hora de tomar decisiones y afrontar responsabilidades.

Se pueden hacer muchas cosas para trabajar con nuestros cuerpos tal y como son. No hace falta ser una persona que se puede doblar mucho o que es muy fuerte para decir que es un yogui. El Yoga es un estilo de vida, no es una práctica competitiva, todo el mundo puede hacer Yoga. No importa la edad ni la condición física, quien puede respirar puede hacer Yoga, es tan simple como eso. 

 

 

La pequeña ola y el océano

Hoy quiero compartir una inspiradora historia sobre una pequeña ola, junto con una reflexión al final acerca de como cada uno de nosotros puede verse reflejado en esa pequeña ola.

Érase una vez una pequeña ola que se sentía cansada e inquieta, desgastada por el ir y venir entre el horizonte y la costa. Un día oyó hablar de un Gran Océano, donde no había que deambular a merced de las mareas, donde todo estaba tranquilo y lleno de amor. En ella surgió un gran deseo de encontrar ese lugar pacífico, pero no sabía por dónde empezar.

¿Sabéis el camino hacia el Gran Océano? -preguntó a las otras olas que pasaban. Una anciana muy cargada de algas, le dijo:

He oído hablar de ese Océano, pero está muy lejos y harán falta muchas vidas para llegar a él. Otra ola comentó: – He oído que si somos olas muy bondadosas y amables y si vivimos vidas muy, muy buenas, entonces, cuando morimos, nos encontraremos con el Gran Océano.

Todas estáis erradas, ese Océano no existe -añadió cínicamente una ola ondulante.

¡Oye! ¡Ven conmigo! -le llamó una ola fresca con voz amistosa. Conozco una ola sabia que ha estado realmente en el Gran Océano y lo conoce bien. ¡Te la presentaré!
Y salieron para allá.

Al irse, otra ola refunfuñó:

¡Niños locos! ¿Por qué desperdiciar tanta energía buscando lugares míticos? ¿Por qué no contentarse con lo que tienes?

Pronto llegaron a la morada de la ola sabia.

Por favor, ola sabia, ¿puedes mostrarme el Gran Océano? -imploró la pequeña ola.

La ola sabia se echó a reír en profundas y cálidas ráfagas que salpicaban la superficie del agua.
¿Qué imaginas que es el Gran Océano, hija mía?

He oído que es un lugar maravilloso, lleno de belleza y alegría, que allí hay amor y paz duradera – tembló la pequeña ola.

La ola sabia siguió riéndose.

Tú estás buscando el Gran Océano, amiguita, pero ¡tú eres el Océano mismo! ¡Qué divertido que no seas consciente de ello!

Esto confundió todavía más a la pequeña ola y se enfadó un poco.

¿Cómo es posible? No veo ningún Océano. Lo único que veo son olas, olas y más olas.

Eso es porque crees que tú eres una ola – sonrió la ola sabia.
Al oír esto, la pequeña ola chocó con frustración contra una roca cercana.

¡No entiendo nada de lo que dices! ¿Puedes enseñarme el Gran Océano, sí o no?– presionó impaciente.

De acuerdo, de acuerdo, amiguita determinada, dijo la ola sabia -Pero, antes de eso, ¿te importaría sumergirte y masajearme los pies doloridos?

La pequeña ola se sumergió… y desapareció como ola.

En ese momento, descubrió que el Gran Océano no era diferente de ella misma, que de hecho, ella era el Gran Océano mismo. ¡Simplemente había estado soñando que era una ola suelta!
Sabiendo esto, disfrutó del juego de bailar como todas y cada una de las olas, con una
alegría inmensa e interminable.

La mayoría del tiempo estamos tan metidos en la persona, con sus roles, deberes, etiquetas, etc. que se nos olvida por completo nuestra verdadera Esencia, como esa pequeña ola que quiere ser océano, cuando siempre lo ha sido, lo sigue siendo y lo será. Es fácil creer que somos olas y olvidar que también somos el océano.

Normalmente te ves como una persona separada del resto, sientes el mundo como algo separado de ti, cuando en realidad esa idea de separación es producto de tu mente, la «ola separada» que crees ser, no es realmente más que el océano apareciendo temporalmente como una ola. La ola es cien por cien agua en realidad, y por lo tanto en esencia, es lo mismo que el océano.

Muchos buscadores creen que hay que deshacerse de la ola para alcanzar el océano. La ola, es decir, la persona que crees ser, es algo que existe en tu mente, cuando expones esa ilusión a la luz de la Consciencia deja de ser un obstáculo, todo adquiere otra perspectiva desde la mirada del Ser. En otras palabras, la apariencia de la ola separada no es un problema para el océano. La apariencia de la historia de tu vida en sí es una perfecta expresión del Ser. En este amor incondicional, nada es negado.

Puedes contarnos tu opinión sobre esta hermosa historia y tu reflexión sobre ella. ¡Gracias!  HARI OM TAT SAT

Desde el jardín – La relación contigo mismo.

Es fácil sentir cómo te relacionas con otras personas socialmente, pero es más atípico comprobar primero cómo te relacionas contigo mismo. La manera en que te relacionas con los demás no deja de ser un reflejo de la relación interna que mantienes contigo mismo.

A veces pones la mirada en cómo las personas se relacionan contigo, partiendo desde la carencia, la queja o el no entender determinadas actitudes o conductas de la forma en que te tratan y la interpretación que tú haces de ese comportamiento.

La relación que verdaderamente puedes cuidar y trabajar es la que, en primer lugar, mantienes en tu interior contigo mismo. Una vez trabajada esta, es más sencillo entender el porqué de las demás.

Hay que tener un espacio propio para aclarar y simplificar tu mundo y la visión que tienes de ti mismo.

Aprende a relacionarte contigo mismo de otra forma:

  • Primero observa tu diálogo interno, lo que te dices y la forma en que lo haces. Date cuenta de como tu mente tiende a hacer juicios de valor constantemente.

  • Fijate si te exiges, si te tratas con mimo ante las dificultades o errores cometidos o si te enjuicias o castigas de manera frecuente.

  • Puedes hacerte una pregunta básica para estar en contacto contigo: ¿Qué necesito? ¿Qué me hace falta para sentirme mejor?

Saber lo que necesitas y atender las necesidades que tienes es síntoma de equilibrio psicológico, de autoestima y de estar en una relación sana contigo mismo.

Cuando eres pequeño son tus padres quienes atienden tus carencias o necesidades (si tienes sueño, quieres jugar, estar tranquilo o quieres un abrazo). Cuando te conviertes en adulto esas necesidades las identificas y las procuras satisfacer tu mismo, tu parte más adulta que cuida de tu parte más necesitada.

También puede ocurrir que estés más en contacto con lo qué necesitan los demás que con lo que tú necesitas, generándose así un desequilibrio.

Al pensar qué necesitas para sentirte mejor, más tranquilo, más feliz, te das cuenta de la manera en que te relacionas contigo mismo. Es algo que debes aprender a gestionar con suficiente madurez, viendo cuales son las necesidades fundamentales y cuales son meros deseos momentáneos o caprichos.

Cuida de ti, nadie mejor que tú sabe qué necesidades emocionales tienes y nadie mejor que tú para valorarlas y gestionarlas.

Tiéndete una mano, trátate con mimo, respeto, afecto y admiración, empieza a mirarte de otra manera. Solo desde el afecto hacia ti lograras superar lo que te genera desequilibrio emocional.

Tenerte en cuenta, valorarte y dedicarte tiempo son aspectos fundamentales que no puedes olvidar en tu día a día, porque tener una buena relación con uno mismo es fundamental para sentirse bien y crear vínculos sanos con los demás. ¡Empezar a creer en ti te ayudará a crecer!

Desde el jardín – Gestionar los deseos

¿Qué hay realmente detrás de lo qué deseas? Sólo cuando te das cuenta de lo que subyace tras tus deseos puedes transformarlos. ¿Buscas amor, paz, respeto, atención, aprobación o bien quieres huir de una situación que te sobrepasa?

Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerlas. Ahí radica el origen de los deseos, por mucho que consigas aquello que tanto anhelas, luego surgirá el deseo de otra cosa y después otra, convirtiéndose en una lista interminable, te proporcionan una alegría efímera, no más felicidad. Por ejemplo, tener una casa más grande y lujosa, o querer comprar ropa y más ropa para verte mejor. La frustración nace de los deseos no satisfechos, da lugar a la ira, el deseo nunca se apaga, se multiplica.

Se trata de que esos deseos de logros personales, riqueza material, relaciones ideales, estatus, etc. no sean vinculantes, es decir, que si lo logras es magnífico, pero si no lo consigues tampoco tienes que frustrarte y hundirte, sintiendo que tu vida no tiene sentido. Esto no impide que te propongas metas y objetivos realistas en tu vida.

Es importante comprender que muchas veces la propia sociedad y el modo de vida que llevas te han hecho creer que necesitas más cosas de las que realmente son imprescindibles. La plenitud no es sólo cumplir tus deseos, sino entender realmente qué es lo que deseas y cómo lo puedes lograr de la forma más óptima y, sobre todo, que si eso no llega a tu vida tampoco pasa nada, hay que saber relativizar.

Cuanto más satisfecho y a gusto estás contigo mismo y con la vida, te das cuenta de que necesitas menos posesiones, valoras la simplicidad.

El Yoga te acerca al Ser sereno y armonioso que eres, ayudándote a lidiar con la permanente dualidad, lo que te atrae y lo que rechazas, que te desestabiliza, sintonizando con la profunda paz que mora en ti.