Vak – El sagrado don de la palabra.

Quiero proponeros un reto, una reflexión y puesta en práctica sobre algo que me parece muy relevante y que hoy en día, generalmente, no le damos mucha importancia: El valor de la palabra.

Niti Satakam de Bhartṛhari es un famoso texto sobre valores, en el que dice: «El mayor ornamento de una persona es su habla refinada y dulce. El resto de adornos se vuelven insignificantes ante el habla”. Dentro de la cultura védica, el preciado don de la palabra, vak, está representado por la diosa Sarasvati.

En el verso 15 del capítulo XVII de la Bhagavad Gītā dice en que consiste la palabra refinada, sáttvica, exponiendo cuatro factores:

  1. Satyam, verdadera.

  2. Anudvegakaram, que no dañe.

  3. Priya, amorosa, compasiva.

  4. Hitam, beneficiosa para la persona a la que va dirigida.

  1. Satyam: Para que el habla sea verdadera tienes que decir la verdad, aunque mentir te ahorre problemas, a vece esa es la ventaja que tiene mentir, sea una mentira grande, pequeña, espontánea o deliberada, te puede sacar de algún apuro. La desventaja es que no crea una mente conducente para moksha (la liberación), te aleja de moksha, crean una mente que va a tener que esconder, va a tener que hacer un esfuerzo para que no vean, para que no sepan y esa es una mente no clara, una mente que no vive en paz, que le cuesta encontrar su propia tranquilidad. Por un lado, tiene una ventaja, pero por otro lado tiene un coste muy grande, cada uno tiene que sopesar y decidir qué es lo que quiere.

  2. Anudvegakaram: Que no sea dañina, puede que lo que digas sea verdadero pero seguro que va a hacer daño a muchas personas. Seguro que conoces a alguien que presume de decir siempre la verdad, de decir lo que piensa, esa persona es adhármica, no tiene una conducta acorde con unos valores firmemente establecidos. Una persona que no tiene pelos en la lengua, dice verdades como puños pero que causan daño a otras personas, no tiene habla refinada, es un habla brusca, daña a los demás, se sienten atacados. Cuando hables tendrás que conocer las circunstancias de la persona o del grupo para poder evitar las palabras que puedan hacer daño, implica un conocimiento de la persona que está delante, para no dañar. Estas reglas no son absolutas, hay excepciones, hay momentos en los que será inevitable dañar porque no haya otro remedio, requiere interpretar y valorar cada situación. Es mejor seguir la regla que acogerse a la excepción para justificar una debilidad personal y decir lo que te dé la gana.

  3. Priya: Que te importe la persona. No sólo es lo que dices, sino el tono, la manera de decirlo, los decibelios, aunque digas una cosa, el tono o la actitud quiere decir otra, no hay una comunicación amorosa, compasiva, la actitud, como habla el cuerpo, si te importa como puede afectar a la otra persona. La expresión amorosa hacia la otra persona incluye también saber escoger el momento adecuado para hablar, ver el impacto de tus palabras en la otra persona, tener empatía.

  4. Hitam: La persona ha de ganar algo con lo que le dices, es para su propio beneficio. Muchas veces hablamos sin pensar en si lo que estamos diciendo tiene algún interés o beneficio para la persona o personas que escuchan, si hacemos esa reflexión, tal vez aprendamos a dar más valor al silencio, a una simple pero expresiva mirada o a una sonrisa que siempre alegra y anima. Cuando eres cuidadoso con las palabras aprendes a saber callar. También evitar llevar y traer chismes y cotilleos que no benefician a nadie o criticar a otros a sus espaldas. Ten en cuenta que una vez que ha salido de tus labios ya no hay vuelta atrás.

Otro factor importante es el diálogo interno, cuidar lo que te dices a ti mismo, aplicando también estos cuatro valores. También que haya coherencia y armonía entre tus pensamientos, las palabras que los expresan y las acciones que derivan de ellos, es la mejor manera de estar en paz y sentirte bien contigo mismo. Utiliza el poder de tus palabras para avanzar en la dirección de la verdad y el amor.   HARI OM TAT SAT

Surya Bheda Pranayama – La respiración solar

Surya significa sol y bheda perforar, permeabilizar. Por tanto, su significado sería: respiración que permeabiliza el conducto solar, el conducto nasal derecho, el nadi pingala. Consiste en inspirar por el conducto nasal derecho (solar) y expulsar por el conducto nasal izquierdo (lunar).

Detalles de la práctica:

  • Se practica sentado en la postura de meditación, con el tórax bien alto y la espalda recta. En una posición inmóvil y estable pero relajada. Los ojos cerrados y el rostro relajado.
  • Toma consciencia de la respiración, como preparación previa a la práctica, ve alargándola y profundizándola, centrando la atención en ese proceso con plena y serena consciencia.
  • Puedes adoptar diferentes mudras (posiciones de las manos) para tapar las fosas nasales, como Nasagra mudra: mano derecha hacia la cara, apoyando los dedos índice y medio entre las dos cejas para cerrar suavemente la aleta nasal derecha con el dedo pulgar y la izquierda con el anular. También puedes utilizar Vishnu mudra, igual pero sin apoyar los dedos índice y medio, se mantienen flexionados entre los otros dedos.
  • Cierra el conducto nasal izquierdo, presionando suavemente la aleta nasal, e inspira lentamente por el derecho. Después cierras el derecho para expulsar lentamente por el izquierdo. Esto es un ciclo, repite varios, evita forzar, cansancio, incomodidad o fatiga. Si es necesario, respira cómodamente entre dos ciclos.

Esta es la variante más sencilla, sin retención del aliento. El pranayama se hace más vigoroso y potente si introduces la fase de retención a pulmones llenos, kumbhaka, en ese caso sería:

  • Cierra el conducto nasal izquierdo, presionando suavemente la aleta nasal, e inspira lentamente por el derecho. al final de la inspiración cierra también la aleta nasal derecha. Retienes el aire, aplica en primer lugar jalandhara bandha y después mula bandha, manteniendo la retención un tiempo máximo confortable.
  • Relaja mula bandha y jalandhara bandha y, abriendo el conducto nasal izquierdo, expulsa lentamente.

– La respiración debe ser profunda, lenta y confortable. Como es muy activador, mejor practicarlo por la mañana, te proporcionará vitalidad para la jornada.

Algunos de los beneficios de este pranayama son:

-Aumenta el calor del cuerpo y despierta el hemisferio izquierdo, el relacionado con la planificación y el cálculo.

-Despeja la cabeza y los senos frontales.

-Es beneficioso para personas con reumatismo.

-Revitaliza el sistema nervioso.

-Aumenta la energía y el dinamismo.

-Ayuda vencer la pereza.

Espero que esta práctica te resulte de utilidad y ¡te deseo un día simplemente fabuloso! Es hora de vivir la vida intensamente y con plena consciencia. HARI OM TAT SAT

Momentos de calma

En este comienzo de un nuevo año quiero hacerte una sencilla y a la vez gran propuesta.

Te va a servir para frenar el, muchas veces trepidante, ritmo de vida que llevamos sin darnos cuenta. Consiste en hacer varias pausas a lo largo del día para desarrollar consciencia sobre lo que estás viviendo, la manera en la que te relacionas con ello y las sensaciones o reacciones que provoca en ti.

Es algo que puedes hacer simplemente en cualquier momento del día, asociándolo a algún hecho en concreto (una alarma que activas, antes de hacer una determinada actividad, antes de contestar un mensaje que has recibido, etc.). También es muy útil si lo aplicas cuando una situación te desborda por la razón que sea, puede ser en el instante que sucede o más tarde, revisándola, pero sin alimentarla. ¡Vamos a ello!

  1. Paras y te detienes para observar tus pensamientos, sobre todo en el caso de algo que te haga sentir mal, trata de hacerlo de manera imparcial, sin dejarte atrapar por ellos.

  2. Respira lenta y profundamente tres o cuatro veces, alargando bien la expulsión.

  3. Observa si hay alguna zona de tu cuerpo más incómoda, tensa, dolorida, inquieta, con calor, etc. y, si es así acaríciala mentalmente para suavizarla, de manera que te sientas reconfortado.

  4. Una vez que se ha calmado, vuelves a la respiración y permaneces unos instantes observándola, sin intentar dirigirla ni cambiarla. Simplemente, deja que tu atención repose en ella.

  5. Regresarás a la tarea que dejaste en pausa, con una actitud más consciente y serena.

Una forma abreviada es tan sencilla como: PARAR, RESPIRAR y OBSERVAR.

No hacen falta motivos para realizar estas pausas renovadoras cada cierto tiempo a lo largo de la jornada. ¡Tu bienestar, tu paz, tu felicidad aumentarán y lo notarás cada día!

YOGA EN TIEMPOS DE COVID

Ahora más que nunca necesitas conocer y practicar Yoga. Puede que creas que ahora no es el mejor momento para empezar, pero tal vez sea el punto de inflexión que te lleve a tomar una decisión tan importante a la hora de gestionar tu salud física, psíquica, emocional y espiritual.

Son momentos de cambio constante, de incertidumbre, miedo, inseguridad, etc., teniendo que revisar a cada momento lo que antes creíamos tener claro. Hay muchas personas a las que esta situación les afecta psicológicamente, produciendo estados depresivos, estrés, preocupación constante, ansiedad, inestabilidad emocional, etc. El Yoga te va a proporcionar medios para poder resolver todos estos aspectos que ya se han vuelto bastante comunes en nuestro día a día.

El Yoga contribuye a mejorar la salud psicofisiológica y a reforzar el sistema inmune. Además, se practican numerosos ejercicios de respiración que resultan ser muy beneficiosos para fortalecer tu sistema respiratorio y mejorar la función pulmonar.

Las diferentes prácticas yóguicas: asanas (posturas), pranayama (respiración), dhyana (meditación), relajación, técnicas de limpieza, etc., ayudan a modular la respuesta fisiológica a los factores de estrés que debilitan nuestro sistema inmunológico. Estas técnicas te servirán para conectar con el espacio de calma y serenidad que existe en tu interior, lugar en el que encontrarás el reposo y sosiego que tanto necesitan ahora tu cuerpo, tu mente y tu mundo emocional.

Practicando Yoga puedes sentir que estás en un espacio tuyo único para poder conectar con tu más íntimo estado interno de tranquilidad y de paz que te renueva y prepara para afrontar tu vida cotidiana. La solución para poder gestionar con más serenidad y entereza lo que viene del exterior está en tus manos ya que no depende tanto de lo que llega, sino de como lo interpretas y resuelves. El Yoga te hará sentir más fuerte, tanto física como mentalmente y te va a aportar claridad mental y una visión más amplia que te serán muy útiles a la hora de tomar decisiones y afrontar responsabilidades.

Se pueden hacer muchas cosas para trabajar con nuestros cuerpos tal y como son. No hace falta ser una persona que se puede doblar mucho o que es muy fuerte para decir que es un yogui. El Yoga es un estilo de vida, no es una práctica competitiva, todo el mundo puede hacer Yoga. No importa la edad ni la condición física, quien puede respirar puede hacer Yoga, es tan simple como eso. 

 

 

La pequeña ola y el océano

Hoy quiero compartir una inspiradora historia sobre una pequeña ola, junto con una reflexión al final acerca de como cada uno de nosotros puede verse reflejado en esa pequeña ola.

Érase una vez una pequeña ola que se sentía cansada e inquieta, desgastada por el ir y venir entre el horizonte y la costa. Un día oyó hablar de un Gran Océano, donde no había que deambular a merced de las mareas, donde todo estaba tranquilo y lleno de amor. En ella surgió un gran deseo de encontrar ese lugar pacífico, pero no sabía por dónde empezar.

¿Sabéis el camino hacia el Gran Océano? -preguntó a las otras olas que pasaban. Una anciana muy cargada de algas, le dijo:

He oído hablar de ese Océano, pero está muy lejos y harán falta muchas vidas para llegar a él. Otra ola comentó: – He oído que si somos olas muy bondadosas y amables y si vivimos vidas muy, muy buenas, entonces, cuando morimos, nos encontraremos con el Gran Océano.

Todas estáis erradas, ese Océano no existe -añadió cínicamente una ola ondulante.

¡Oye! ¡Ven conmigo! -le llamó una ola fresca con voz amistosa. Conozco una ola sabia que ha estado realmente en el Gran Océano y lo conoce bien. ¡Te la presentaré!
Y salieron para allá.

Al irse, otra ola refunfuñó:

¡Niños locos! ¿Por qué desperdiciar tanta energía buscando lugares míticos? ¿Por qué no contentarse con lo que tienes?

Pronto llegaron a la morada de la ola sabia.

Por favor, ola sabia, ¿puedes mostrarme el Gran Océano? -imploró la pequeña ola.

La ola sabia se echó a reír en profundas y cálidas ráfagas que salpicaban la superficie del agua.
¿Qué imaginas que es el Gran Océano, hija mía?

He oído que es un lugar maravilloso, lleno de belleza y alegría, que allí hay amor y paz duradera – tembló la pequeña ola.

La ola sabia siguió riéndose.

Tú estás buscando el Gran Océano, amiguita, pero ¡tú eres el Océano mismo! ¡Qué divertido que no seas consciente de ello!

Esto confundió todavía más a la pequeña ola y se enfadó un poco.

¿Cómo es posible? No veo ningún Océano. Lo único que veo son olas, olas y más olas.

Eso es porque crees que tú eres una ola – sonrió la ola sabia.
Al oír esto, la pequeña ola chocó con frustración contra una roca cercana.

¡No entiendo nada de lo que dices! ¿Puedes enseñarme el Gran Océano, sí o no?– presionó impaciente.

De acuerdo, de acuerdo, amiguita determinada, dijo la ola sabia -Pero, antes de eso, ¿te importaría sumergirte y masajearme los pies doloridos?

La pequeña ola se sumergió… y desapareció como ola.

En ese momento, descubrió que el Gran Océano no era diferente de ella misma, que de hecho, ella era el Gran Océano mismo. ¡Simplemente había estado soñando que era una ola suelta!
Sabiendo esto, disfrutó del juego de bailar como todas y cada una de las olas, con una
alegría inmensa e interminable.

La mayoría del tiempo estamos tan metidos en la persona, con sus roles, deberes, etiquetas, etc. que se nos olvida por completo nuestra verdadera Esencia, como esa pequeña ola que quiere ser océano, cuando siempre lo ha sido, lo sigue siendo y lo será. Es fácil creer que somos olas y olvidar que también somos el océano.

Normalmente te ves como una persona separada del resto, sientes el mundo como algo separado de ti, cuando en realidad esa idea de separación es producto de tu mente, la «ola separada» que crees ser, no es realmente más que el océano apareciendo temporalmente como una ola. La ola es cien por cien agua en realidad, y por lo tanto en esencia, es lo mismo que el océano.

Muchos buscadores creen que hay que deshacerse de la ola para alcanzar el océano. La ola, es decir, la persona que crees ser, es algo que existe en tu mente, cuando expones esa ilusión a la luz de la Consciencia deja de ser un obstáculo, todo adquiere otra perspectiva desde la mirada del Ser. En otras palabras, la apariencia de la ola separada no es un problema para el océano. La apariencia de la historia de tu vida en sí es una perfecta expresión del Ser. En este amor incondicional, nada es negado.

Puedes contarnos tu opinión sobre esta hermosa historia y tu reflexión sobre ella. ¡Gracias!  HARI OM TAT SAT

Desde el jardín – La relación contigo mismo.

Es fácil sentir cómo te relacionas con otras personas socialmente, pero es más atípico comprobar primero cómo te relacionas contigo mismo. La manera en que te relacionas con los demás no deja de ser un reflejo de la relación interna que mantienes contigo mismo.

A veces pones la mirada en cómo las personas se relacionan contigo, partiendo desde la carencia, la queja o el no entender determinadas actitudes o conductas de la forma en que te tratan y la interpretación que tú haces de ese comportamiento.

La relación que verdaderamente puedes cuidar y trabajar es la que, en primer lugar, mantienes en tu interior contigo mismo. Una vez trabajada esta, es más sencillo entender el porqué de las demás.

Hay que tener un espacio propio para aclarar y simplificar tu mundo y la visión que tienes de ti mismo.

Aprende a relacionarte contigo mismo de otra forma:

  • Primero observa tu diálogo interno, lo que te dices y la forma en que lo haces. Date cuenta de como tu mente tiende a hacer juicios de valor constantemente.

  • Fijate si te exiges, si te tratas con mimo ante las dificultades o errores cometidos o si te enjuicias o castigas de manera frecuente.

  • Puedes hacerte una pregunta básica para estar en contacto contigo: ¿Qué necesito? ¿Qué me hace falta para sentirme mejor?

Saber lo que necesitas y atender las necesidades que tienes es síntoma de equilibrio psicológico, de autoestima y de estar en una relación sana contigo mismo.

Cuando eres pequeño son tus padres quienes atienden tus carencias o necesidades (si tienes sueño, quieres jugar, estar tranquilo o quieres un abrazo). Cuando te conviertes en adulto esas necesidades las identificas y las procuras satisfacer tu mismo, tu parte más adulta que cuida de tu parte más necesitada.

También puede ocurrir que estés más en contacto con lo qué necesitan los demás que con lo que tú necesitas, generándose así un desequilibrio.

Al pensar qué necesitas para sentirte mejor, más tranquilo, más feliz, te das cuenta de la manera en que te relacionas contigo mismo. Es algo que debes aprender a gestionar con suficiente madurez, viendo cuales son las necesidades fundamentales y cuales son meros deseos momentáneos o caprichos.

Cuida de ti, nadie mejor que tú sabe qué necesidades emocionales tienes y nadie mejor que tú para valorarlas y gestionarlas.

Tiéndete una mano, trátate con mimo, respeto, afecto y admiración, empieza a mirarte de otra manera. Solo desde el afecto hacia ti lograras superar lo que te genera desequilibrio emocional.

Tenerte en cuenta, valorarte y dedicarte tiempo son aspectos fundamentales que no puedes olvidar en tu día a día, porque tener una buena relación con uno mismo es fundamental para sentirse bien y crear vínculos sanos con los demás. ¡Empezar a creer en ti te ayudará a crecer!

Desde el jardín – Gestionar los deseos

¿Qué hay realmente detrás de lo qué deseas? Sólo cuando te das cuenta de lo que subyace tras tus deseos puedes transformarlos. ¿Buscas amor, paz, respeto, atención, aprobación o bien quieres huir de una situación que te sobrepasa?

Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerlas. Ahí radica el origen de los deseos, por mucho que consigas aquello que tanto anhelas, luego surgirá el deseo de otra cosa y después otra, convirtiéndose en una lista interminable, te proporcionan una alegría efímera, no más felicidad. Por ejemplo, tener una casa más grande y lujosa, o querer comprar ropa y más ropa para verte mejor. La frustración nace de los deseos no satisfechos, da lugar a la ira, el deseo nunca se apaga, se multiplica.

Se trata de que esos deseos de logros personales, riqueza material, relaciones ideales, estatus, etc. no sean vinculantes, es decir, que si lo logras es magnífico, pero si no lo consigues tampoco tienes que frustrarte y hundirte, sintiendo que tu vida no tiene sentido. Esto no impide que te propongas metas y objetivos realistas en tu vida.

Es importante comprender que muchas veces la propia sociedad y el modo de vida que llevas te han hecho creer que necesitas más cosas de las que realmente son imprescindibles. La plenitud no es sólo cumplir tus deseos, sino entender realmente qué es lo que deseas y cómo lo puedes lograr de la forma más óptima y, sobre todo, que si eso no llega a tu vida tampoco pasa nada, hay que saber relativizar.

Cuanto más satisfecho y a gusto estás contigo mismo y con la vida, te das cuenta de que necesitas menos posesiones, valoras la simplicidad.

El Yoga te acerca al Ser sereno y armonioso que eres, ayudándote a lidiar con la permanente dualidad, lo que te atrae y lo que rechazas, que te desestabiliza, sintonizando con la profunda paz que mora en ti.

Desde el jardín – Recibir lo que la vida te da

Desde nuestra humanidad, la propia existencia es una incógnita, la vida en sí es incierta, la seguridad es una quimera, el destino se ríe de la probabilidad, el ser humano es frágil.

Aprovecha cada oportunidad para mejorar, ser auténtico, seguir tus valores y tus metas. Aprendiendo a convivir con la incertidumbre y a desarrollar el arte de la serena espera, la aceptación y la paciencia.

Despliega una mayor consciencia para vivir en plenitud de forma deliberada, sabiendo que es preciso un cambio para preservar el equilibrio, eligiendo la actitud, poniendo en cada acción lo mejor de ti mismo. Prueba a hacer más conscientes las cosas cotidianas, como caminar, limpiar, comer, disfrutar de quien está a tu lado, etc.

Se reflexivamente consciente de que vives. Vive la vida sin tener ninguna expectativa esencial acerca de nadie, acerca de nada. Esto es una gran libertad. Cuando no te proyectas en cómo deberían ser las cosas, sientes que casi nada te perturba y, cuando algo te aleja de tu centro natural de calma, vas adquiriendo la facilidad de volver a él con el mínimo esfuerzo. Puedes, por ejemplo, esperar que tu jefe sea más comprensivo, pero por su carácter o la educación recibida, no lo hace, eso sería generarte una falsa expectativa que no depende de ti. La vida no consiste solamente en conseguir lo que quieres, es una sucesión de experiencias, tanto agradables, como desagradables. Reconocer la realidad de que no todos los eventos tienen que ser de tu agrado, es un signo de madurez.

Dejas de vivir en la anticipación, encuentras tu ritmo, permitiendo que la vida se exprese en su dinamismo. Vivir es mucho más que no estar muerto, es nacer a cada instante, conociendo que la vida es efímera. Aprecia el milagro de vivir con pasión enamorada. Haz las paces con el pasado, aprende a fluir, encuentra motivos para el agradecimiento, para confiar, desde tu propia serenidad interior, en un futuro todavía intacto, sintiendo que la existencia se expresa en ti.

Recuerda que la gratitud es riqueza, te hace conectar con tu plenitud interior, y la queja es pobreza. Acepta la vida tal y como viene, con o sin las cosas que tu mente demanda de ella.

Prueba a profundizar más allá del discurso de tu mente sobre todo esto, adéntrate en tu jardín interior, ese espacio donde te vives como plenitud, ese lugar donde no eres carente de nada.

Desde el jardín – Cómo te relacionas con tu mente.

Si dedicas unos instantes a analizarlo, veras que puedes relacionarte con tu mente de tres formas diferentes:

  1. Tu mente es un problema.
  2. Tu mente es un instrumento.
  3. Eres independiente de la mente y de cualquier cosa que ocurra en ella.

Hay que realizar un viaje de la primera a la tercera.

Cuando la mente es débil, la situación se vuelve un problema. Cuando la mente está equilibrada, la situación es un desafío. Cuando la mente es fuerte, la situación se vuelve oportunidad.

La mente es el medio para entender y afrontar el mundo, es importante tener una mente preparada, fuerte, equilibrada para afrontar las diferentes situaciones que encontramos en el día a día. Tenemos muchos mecanismos, comportamientos y reacciones adquiridos por el ambiente en el que nos hemos criado y por la educación recibida.

Muchas veces la mente es totalmente mecánica, va por su cuenta, es reactiva, entonces te hace totalmente impotente y  la ves como un problema. Con los modos mecánicos de pensar, las actividades de la vida también se vuelven mecánicas. Si surge algún contratiempo aparece la ira, la frustración, tendiendo muchas veces a culpabilizar de lo que sucede a los demás o a la situación. Es una mente que tiende a agrandar lo que «interpreta que sucede». Por ejemplo, tienes un malentendido con un vecino y tu mente ya empieza a darle vueltas y más vueltas: «fíjate, me ha dicho esto y lo otro, cuando lo vea me va a oír…», haciendo una bola cada vez más grande, generando una tensión y ansiedad que son inútiles e innecesarias. La agitación parece ser la naturaleza misma de la mente. La mente es turbulenta y sigue sus modos de ser y yo no tengo ningún control sobre ella.

Si ya hay cierto entrenamiento, vas aprendiendo a utilizar tu mente como un instrumento que debes manejar para no caer en esa mecanicidad inconsciente. Tu mente va adquiriendo una progresiva madurez y entrenamiento para desidentificarte de lo que en ella sucede. Las acciones serán más conscientes y menos reactivas. Dispondrá de mayor lucidez para detener los pensamientos negativos e ir construyendo una mente más positiva y proactiva.

Cuando ya entiendes y experimentas que tu naturaleza, y la de tu mente, es el silencio, has dado el «gran paso», ya sabes que no eres tu mente, ni tampoco su contenido. Esto no quiere decir que la mente se acalle por completo, los procesos mentales siguen estando ahí, pero ahora sabes que los puedes observar sin que te afecten. Esto tiene que servir para tu día a día, anticipándote a las reacciones inconscientes de la mente y, cuando se produzcan reacciones así ¡que las habrá porque eres humano! podrás o bien darles rienda suelta porque así lo quieres o saber darles espacio para poder gestionarlas.

Es decisión tuya implicarte en este maravilloso proyecto, el yoga, la meditación, la acción consciente, son muy buenas herramientas a tu disposición para llevarlo a cabo, eso si, necesitas una buena dosis de compromiso contigo mismo y también de disciplina ya que hay hábitos mentales muy muy arraigados.

LA PEQUEÑA LUCIÉRNAGA

Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de la India. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.

Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.

– No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.

Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.

-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-. ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.

-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.

Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.

Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?

-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.

-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.

La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto lo visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.

-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.

-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.

-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.

La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.

Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y  por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.