Desde el jardín – Recibir lo que la vida te da

Desde nuestra humanidad, la propia existencia es una incógnita, la vida en sí es incierta, la seguridad es una quimera, el destino se ríe de la probabilidad, el ser humano es frágil.

Aprovecha cada oportunidad para mejorar, ser auténtico, seguir tus valores y tus metas. Aprendiendo a convivir con la incertidumbre y a desarrollar el arte de la serena espera, la aceptación y la paciencia.

Despliega una mayor consciencia para vivir en plenitud de forma deliberada, sabiendo que es preciso un cambio para preservar el equilibrio, eligiendo la actitud, poniendo en cada acción lo mejor de ti mismo. Prueba a hacer más conscientes las cosas cotidianas, como caminar, limpiar, comer, disfrutar de quien está a tu lado, etc.

Se reflexivamente consciente de que vives. Vive la vida sin tener ninguna expectativa esencial acerca de nadie, acerca de nada. Esto es una gran libertad. Cuando no te proyectas en cómo deberían ser las cosas, sientes que casi nada te perturba y, cuando algo te aleja de tu centro natural de calma, vas adquiriendo la facilidad de volver a él con el mínimo esfuerzo. Puedes, por ejemplo, esperar que tu jefe sea más comprensivo, pero por su carácter o la educación recibida, no lo hace, eso sería generarte una falsa expectativa que no depende de ti. La vida no consiste solamente en conseguir lo que quieres, es una sucesión de experiencias, tanto agradables, como desagradables. Reconocer la realidad de que no todos los eventos tienen que ser de tu agrado, es un signo de madurez.

Dejas de vivir en la anticipación, encuentras tu ritmo, permitiendo que la vida se exprese en su dinamismo. Vivir es mucho más que no estar muerto, es nacer a cada instante, conociendo que la vida es efímera. Aprecia el milagro de vivir con pasión enamorada. Haz las paces con el pasado, aprende a fluir, encuentra motivos para el agradecimiento, para confiar, desde tu propia serenidad interior, en un futuro todavía intacto, sintiendo que la existencia se expresa en ti.

Recuerda que la gratitud es riqueza, te hace conectar con tu plenitud interior, y la queja es pobreza. Acepta la vida tal y como viene, con o sin las cosas que tu mente demanda de ella.

Prueba a profundizar más allá del discurso de tu mente sobre todo esto, adéntrate en tu jardín interior, ese espacio donde te vives como plenitud, ese lugar donde no eres carente de nada.

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