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Bizcocho especiado

INGREDIENTESBizcocho

  • 1 yogur natural, puede ser griego o bífidus
  • 2 medidas de yogur de azúcar, puede ser moreno
  • 1 medida de yogur de aceite
  • 3 medidas de yogur de harina, puede ser integral
  • 3 huevos
  • 2 cucharaditas de café de levadura en polvo
  • 1 cucharadita de café de canela
  • 3 clavos de olor (molidos)
  • 1/2 cucharadita de café de jengibre rallado fresco o en polvo 110 g de mantequilla
  • Una pizca de sal
  • Un poquito de aceite para engrasar el molde.

 PREPARACIÓN

Comienza batiendo los huevos con el azúcar hasta que se disuelva bien y quede una mezcla espumosa.

  1. Añade el yogur y el aceite y vuelve a batir hasta que esté todo bien mezclado.
  2. Incorpora la harina, las especias, la levadura y la sal y bátelo bien hasta que obtengas una mezcla homogénea de una textura cremosa.
  3. Engrasa el molde y vierte en él la masa.
    1. Introdúcelo en el horno, que habrás precalentado a unos 160-170 grados. Para que suba bien el bizcocho es mejor poner la rejilla (sobre la que está el molde) en una de las alturas más bajas del horno (si tiene 4, lo sitúas en la 1ª o la 2ª), eso también dependerá del horno del que dispongas.
    2. Lo horneas durante unos 30 minutos y cuando apagues el horno lo dejas reposar dentro durante unos 5 o 10 minutos. Para comprobar si está hecho, lo pinchas con un palillo y debe salir limpio.

Variaciones:

Si quieres hacerlo de naranja, sustituyes las especias por una naranja entera (sí, sí, con cáscara y todo) que deberás triturar y mezclar con el azúcar y los huevos (que en este caso pueden ser 2 en lugar de 3), seguramente para que la mezcla final no esté tan líquida deberás añadir algo más de harina.

Puedes sustituir las especias por ralladura de limón o también por trocitos de manzana (añadiéndole 2 o 3 manzanas peladas) o por cacao en polvo. No te cortes y dale rienda suelta a tu creatividad.

En cualquier variedad es perfecto para acompañar al té yóguico. ¡Que disfrutes!

 

Té yóguico

especias chai

 

Tras la insistencia de muchos de los que ya lo habéis probado, os facilito la receta de ese exquisito y aromático té. Pero tened en cuenta que, al no haber una mezcla preparada previamente, el matiz de las especias se lo vais a dar cada uno de vosotros dependiendo de vuestro gusto personal, así que las cantidades que indico son aproximadas.

Además de sentir una eclosión de sabores en tu boca, su combinación de especias hace que sea muy tonificante y vivificador para el cuerpo y la mente.

Ingredientes:

–          1 litro de agua

–          7 semillas de cardamomo

–          6 o 7 clavos

–          5 o 6 granos de pimienta o un poquito de pimienta molida (si la mueles en el instante es más aromática)

–          1 ramita de canela

–          Un poco de vainilla, puede ser en polvo o en esencia.

–          Un trocito de jengibre fresco o una pizca de jengibre seco molido.

–          Un poco de canela en polvo.

–          Una cucharadita de té negro (opcional).

–          Leche o leche de soja (opcional).

Preparación:

Pon el agua a hervir  y le vas añadiendo los ingredientes más duros: la rama de canela, el cardamomo (mejor si abres las vainas para que las semillas suelten todo el sabor), los clavos y la pimienta.

Cuando comience a hervir lo dejas a fuego mínimo durante unos 5 minutos y luego añades la vainilla, el jengibre y la canela en polvo y lo dejas unos 2 o 3 minutos más.

A continuación apagas el fuego y cuando deje de hervir añades el té y lo dejas reposar unos 4 o 5 minutos antes de colarlo. Una vez filtrado le puedes añadir la leche y endulzarlo  o tomarlo tal cual.

El té yóguico te dará más energía y vigor, prueba a hacer esta deliciosa y tradicional receta. ¡Que lo disfrutes!

 

Alimentación

En lo que se refiere a la alimentación hay que tender a que sea lo más sana y natural (lo menos manufacturada) posible. Pongo un prasadamejemplo muy clarificador: un filete de carne es más natural ya que no está manufacturado, sólo extraído directamente del animal, que unas albóndigas vegetales industriales ya que estás han tenido todo un proceso de elaboración; sin embargo esas albóndigas son más sanas (ya que como mucho llevarán algún conservante) que ese mismo filete extraído del cadáver de un animal criado en cautividad y tratado con antibióticos, hormonas, anabolizantes, etc. Siempre será más sano comerte una pieza de fruta, a la que bien lavada e incluso pelada le habrás eliminado gran parte de los pesticidas que pueda llevar, que un alimento procesado y refinado como pueda ser una pieza de bollería industrial.

Hay que tener en cuenta también que en el mercado de los productos de agricultura biológica, aunque muchos ya tienen controles y certificados de garantía de calidad, a veces también hay fraude.  Tu buena fe no te garantiza que el que te vende los productos no utilice pesticidas o plaguicidas o que lo hagan en los cultivos que están al lado de los suyos  y estos se vean contaminados. Ahí es cuando uno debe aplicar el sentido común y el viveka (discernimiento).

Desde el punto de vista de la filosofía yóguica, la alimentación que se recomienda suele ser vegetariana, pero no por razones salutíferas como a veces creemos, sino sobre todo por cuestiones de naturaleza filosófica, teniendo en cuenta la estructuración de la naturaleza en función de sus tres cualidades, con arreglo a la filosofía samkhya, que son: satwa, rajas  y tamas.

Y luego por una cuestión también filosófica pero de naturaleza ética: el amor y el respeto por los demás seres sintientes.

De manera que el motivo por el que en el yoga se es fundamentalmente vegetariano obedece a esas dos causas: la ética esta clara, y en la parte filosófica tenemos que referirnos al primer yamas (códigos de conducta) que es ahimsa y significa “no violencia”, lo que influyó en la mentalidad del yogui en cuanto al respeto a los animales.

El concepto del Anna Yoga, el yoga de la alimentación, es relativamente nuevo y de dudosa factura. Los antiguos yoguis no se planteaban el tema de la dietética por cuestiones de salud sino como algo fundamentalmente filosófico y espiritual. En cualquier caso hay que huir de las clasificaciones y de las  etiquetas (vegetariano, vegano, ovolactovegetariano, crudívoro, frugívoro y un interminable etc.). Lo mejor es observar al propio cuerpo y comprobar como tolera los diferentes alimentos; comer lo que te apetece, dentro de una dieta de acuerdo con tu ética y tu filosofía de vida, y lo que te sienta mal, analiza porque te sienta mal y si una segunda vez te vuelve a sentar mal, no habrá una tercera. Esto es viveka también, basado en tu propia experiencia personal, porque ¿quién mejor que tú para conocer tu cuerpo? Por eso es tan importante ser conscientes de lo que comemos y tratar de modificar los hábitos alimentarios perjudiciales. La salud es un bien muy preciado por eso debemos aprender a autogestionar nuestra propia salud, sobre todo con unos buenos hábitos higiénicos y la dieta es uno de ellos.

La nutrición o el alimento en la antigüedad no se reducía a un concepto del alimento físico, sino también en el alimento para el intelecto, para el aspecto emocional y también espiritual. Actualmente miramos lo que introducimos como alimento en nuestro cuerpo físico pero no tenemos en cuenta lo que “ingerimos” a otros niveles, sobre todo mental y emocional (ejemplo: tele-basura). Además, en todas las culturas existe un agradecimiento o petición vinculado a la alimentación, lo que convierte el hecho de alimentarse en un acto consciente y sagrado.